Errores en mi tiempo

Voy echando chispas porque llego tarde. Al tiempo le ha dado por salir de la consulta antes que yo, como si también gozara de libre albedrío. He quedado en casa de Elías a las ocho para poder charlar y cenar prontito porque madruga. Llego a las ocho y media, me reprende con razón.

tiempo

Elías se bebe la vida a borbotones, le gusta ver mundo y regalar al paladar ofrendas de la Tierra, abraza el Sol y le crispa que otros se amarren con hipotecas para decir “mío” dentro de 30 años. A Elías le gusta el ahora, pero no lleva bien el ahora de otros y se empeña en cambiarlo, por amor. Se araña el corazón cuando alguien le dice, por enésima vez, que no quiere volar.

Se lo digo, aceptar eso, también es amar. Lo aprendí cayendo en una depresión por intentar sacar a un amigo de la suya y quedarme sin fuerza para lograrlo; cuando para evitar que delinquiera, di dinero a otro amigo, evitando así que tocara fondo para coger impulso… y ya no pudo subir.
¿Quien soy yo para insistir en que otro ha de dejar de comer carne o pedir un ascenso? ¿Cómo se qué es mejor para él evitar equivocarse?

No soy quien para elegir por otro. Si lo soy para equivocarme, aceptarlo y aprender, para intentar ayudar sin imponer. Los errores y equivocaciones son fuentes que manan éxito. Por ser impuntual, perdí un trabajo que odiaba, salté sobre mi miedo al cambio y soy terapeuta; y por la misma razón, una vocecita que sonó en mi cabeza diciendo “detente”, mientras corría al trabajo, me salvó de aquella bomba que también llegó antes que yo, me permitió poder escribir hoy esto, cenar hamburguesas de manzana, reírme con Elías y agradecer que, un Ribera del Duero, bañe nuestra amistad. Pero tranquilos, aunque hoy haya fallado, cada vez soy más puntual.

Beatriz Solís Martínez.

Publicado en LaRevistoya nº2 de Lacasatoya

 

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