El miedo me come

Vamos a olvidarnos de todo y a imaginar un poco.

No has comido, imagina que coges una cuchara y que estás degustando tu plato favorito. Si le pones la suficiente imaginación y entras de lleno en ello, visualizando todo el banquete, como coges el cubierto o incluso como te lo comes con las manos, su color, su sabor, su textura en la lengua, su olor, su temperatura, es probable que tu boca comience a salivar como un bulldog comiendo un cacahuete, y que tu sistema digestivo segregue jugos gástricos para hacer la digestión, pero ¿en tu estomago que hay?

Nada. Desde luego no eso tan rico. En tu estomago no hay NADA, excepto los jugos citados.

Si no tenías hambre y/o prefieres seguir experimentando porque lo tuyo es la búsqueda, imagina y visualiza, tomándote tu tiempo algo horrible o algo maravilloso para ti y observa las respuestas en tu cuerpo y como te sientes.

Tu cuerpo responde físicamente a algo imaginario ¿verdad? Algo mental, es capaz de provocar cambios físicos constatables y medibles. Comprobado.

Entonces ¿No es una perdida de energía? ¿No deberías mejor devolver tu mente a lo que sea que estés haciendo en este momento? ¿Qué haces perdiendo el tiempo? Ah! que imaginabas porque te lo he dicho yo, mis disculpas.

Para no ponerte en peligro. Esta vez soy yo la protagonista y esta vez no intentes imaginar ni visualizar lo que sigue, no lo hagas, ni se te ocurra.

Voy a la India, voy por un camino delante de unos turistas, un señor de Ohio (en realidad es de otro sitio pero así salvaguardo su identidad) con pinta de zamparse hamburguesas en sus 7 comidas diarias, tres mochileros alemanes y una aprendiz de yoga húngara con el día libre, todos sudando, y yo más que nadie porque hace un calor de mil demonios. De pronto, a diez metros, aparece un tigre de bengala hambriento y enorme, de 200 kg., y está ahí delante, en el camino, puedo olerle, escuchar su jadeo, su saliva goteando. No hay nada excepto una casa a bastantes metros rodeada con un muro de tres metros, y el tigre ahí, mirándome y relamiéndose. Y ahora ya no siento ni calor ni frío. Comienza a acercarse despacio, con sus enormes patas, sin mover la cabeza ni pestañear, y me quedo clavada, empieza a acelerar, a correr, sacudiendo la arena del camino sin quitarme ojo, aumentando la velocidad…

Pero ¿cómo?¿No me digas que también tu has visto al tigre?¿te has hecho una imagen de la escena? Pero si te he dicho que no lo hicieras ¡La imaginación es tan potente! igual hasta has visto las manchas de sudor en la ropa del de Ohio… Sigo, ¡desobediente!.

El tigre que viene pero…¡el miedo es una maravilla! mi cuerpo se pondrá en estado de alerta, empleará mi energía en activar mecanismos de defensa o ataque. Me estresaré, afortunadamente, toda mi energía se irá a los músculos, se acelerarán mi respiración y latidos y me volveré capaz de saltar el muro de tres metros sin darme cuenta, y meterme en la casa, algo que no haría relajada salvo con una escalera porque mido 1’55 y no tengo pertiga. El miedo me permitirá sobrevivir, correr o luchar por mi vida. Si no tengo miedo es bastante probable que me convierta en un aperitivo, salvo que el noble animal vea alguien con más posibilidades que yo, o tenga la empatía que a veces los humanos no tenemos con ellos.

Te habrás dado cuenta de lo fácil que le resulta a la mente IMAGINAR Y VISUALIZAR todo tipo de cosas, incluso las que nos hacen autoboicotearnos. Quédate con eso si aún no lo habías hecho con tanto estrés.

Pregunta: ¿verdad que sería algo inútil imaginar un tigre en la oficina o en el dormitorio o donde quiera que estés? Pues lo acabas de hacer. De hecho, nos pasamos la vida viendo “tigres” donde no los hay. Sometemos al cuerpo a unos niveles de estrés absurdos sin necesidad. Y el estrés, si de circunstancial y positivo (cuando de verdad hay tigre) pasa a ser constante y destructivo (cuando vemos tigres imaginarios por todos lados) no solo nos hace sufrir emocionalmente sino que nos provoca anomalías físicas. La razón es que el cuerpo no puede estar estresado y relajado al mismo tiempo. Y solo relajado puede llevar a cabo sus procesos de “mantenimiento y puesta a punto”. Estresado, todos los procesos que conllevan la autocuración y regeneración celular se detienen y llega el deterioro y la enfermedad.

Invertimos demasiado tiempo en dispersarnos, en “presuponer”. Nos pasamos la vida fuera del Aquí-Ahora con unos frecuentes “y si…”,”por si…” o “a ver si…” en la mente.

Nos pre-ocupamos de lo que aún no ha sucedido. ¡Fí-ja-te!
Y si no ha sucedido ¿Cómo nos vamos a ocupar de ello?
Y si no nos podemos ocupar de ello Aquí-Ahora, ¿para qué pre-ocuparse?
Pre-ocuparse es como dar puntadas antes de tener la aguja y el hilo.

Mañana sigo con esto, vuelve si quieres, ahora tienes que OCUPARTE de algo.

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